Tailandia y el despertar de una «nueva normalidad»

Tailandia es el sueño de muchos viajeros y, sin duda, estaba súper marcado en el mapamundi que tenía pegado en la pared de mi casa en Lima. Había soñado infinidad de veces con recorrer este país asiático, de conocer sus budas, entrar en sus templos y bañarme en sus paradisiacas playas. Sin embargo, a diferencia de otros destinos, no tenía la más remota idea de cuándo sería el día en que estuviera en un avión con el corazón rebosante de emoción por saberme tan cerca.

Nuestro corcho viajero

Pensar en haber trabajado lo suficiente para juntar los fondos y comprarme el ansiado pasaje Lima – wherever – Tailandia, y cumplir ese sueño me hacía imaginar que pasarían muchos años antes de poder lograrlo, y mientras tanto, me distraía planificando y visitando destinos más accesibles y cercanos que también rondaban mi cabeza.

Pero como muchos de los viajes que he logrado hacer en estos 41 años de vida, de pronto un día – mucho antes de lo esperado – ahí estaba yo, no solo sentada frente a mi computador comiéndome cuanto blog de viajero por Tailandia tenía en frente y con tres guías físicas, sino además, viviendo en otro de los países de mi lista viajera que ni en sueños estaba planeada para el 2019, Turquía.

Inició el 2020 y mientras yo andaba gozando de la belleza de Estambul y concentrada en el Excel de mi viaje soñado a Tailandia, se oían voces en los medios y las redes acerca de un terrible virus en China que venía cobrando varias vidas. Que si un chino se había comido un murciélago en Wuhan, donde sea que quedara eso, y que si esta enfermedad podría convertirse en una nueva epidemia en el país de la gran muralla.

Planificando la ruta Thai

La verdad es que personalmente, nunca imaginé que la situación de ese virus llegaría a niveles en los que ya todos conocemos hoy. Es más, siempre digo que: si alguien en ese momento me hubiese hablado de la posibilidad de un mundo en pandemia, parado, enmascarado y encerrado me hubiera reído a carcajadas y hubiera pensado que esa persona andaba muy metida en estas películas de ficción y encima de bajo presupuesto y mal guion que nadie siquiera pensaría en ver por lo irreal del asunto. Y de pronto… ¡Bienvenidos al año 2020 señores!

Pero, en fin, entre todo y todo, a fines de febrero del 2020, Lu y yo tomamos la decisión de continuar con nuestros planes de viaje a Tailandia. “el virus está en China y algunos otros países, seguro que ya al ratito todo se soluciona, además en Tailandia apenas hay 35 casos, nos ponemos una buena mascarilla para el avión y listo”. Hoy mirando las cosas en retrospectiva, solo podemos dar gracias que todo haya salido positivamente para nosotros, regresar justo a tiempo para el cierre de fronteras y haber tenido la oportunidad de conocer este país, que es todo y más de lo que quienes la conocen nos habían contado.

Nuestro primer vuelo con mascarilla

Tailandia es un país de contrastes, un lugar mágico donde es imposible no toparte con tu parte más espiritual, cuando recorres uno de sus más de 40 mil templos y ves la magnificencia de su arquitectura y sus budas dorados es imposible no querer entrar a entender lo que el budismo significa, sus creencias, preceptos y practicas espirituales.

Pero Tailandia también es su caos, su vida turística y nocturna. Bangkok, la capital, es famosa por su alborotado tráfico, los tuk-tuk y las motos que van por las calles sin normas ni reglas que valgan, al menos ninguna que rija el mundo occidental. Los turistas de todo el mundo pululando por la calle Khao San Road, la más famosa para viajeros, mochileros, turistas o como les guste llamarnos. Lo cierto es que nosotros solo pudimos observar un poquito de lo que en tiempos normales es el caos de esta ciudad que tiene como uno de sus principales motores económicos el turismo. Al momento estaba restringida la entrada al país a turistas chinos o que hayan estado allí los últimos 14 días, y de otros países muy comprometidos con el virus, siendo estos países el mayor porcentaje de turistas que reciben al año.

El Buda Reclinado del templo Wat Pho, en Bangkok. Mide 45 metros de largo y es la estatua de buda reclinado más grande de Tailandia

Tailandia también es un país de historia y culturas milenarias. Hacia el norte, a 2 horas en bus o tren de Bangkok, se encuentra Ayutthaya, la antigua capital del Reino de Siam que hoy es un sitio arqueológico Patrimonio Cultural de la Unesco. Un día es más que suficiente para recorrer las ruinas de los palacios, templos budistas, monasterios y estatuas que componen el parque histórico.

Ayutthaya

Un poco más al norte, a 5 horas de Ayutthaya se encuentra la magnífica Sukhothai, para mí uno de los lugares más mágicos de Tailandia, su nombre significa «Amanecer de felicidad». Este pueblo fue capital del reino de Sukhothai, considerado la cuna de la civilización tailandesa, donde nació el arte, la arquitectura y el idioma y donde se estableció el budismo como religión oficial tras años de dominación Khmer y el hinduismo. Aquí hemos visto los budas más impresionantes del país, sobre todo el Buda de 15 metros del templo Wat Si Chum. El recorrido también lo hicimos en un día completo, montados en una bicicleta, con la que por supuesto una experta en caídas como yo tenía que terminar al menos una vez en el suelo.

Impresionante Buda Sentado de más de 15 m de altura en Wat Si Chum o Templo del Árbol Sagrado.

Más al norte, Chang Mai y Chang Rai, son dos de los lugares que pusimos en la ruta porque sabíamos que era importante conocer esta parte del país, pero que al menos yo, no tenía una expectativa muy elevada respecto a lo que allí encontraríamos.

Chang Mai comenzó a cobrar relevancia en la planificación cuando buscando información para visitar a los elefantes de la manera más segura, responsable y respetuosa, nos enteramos que era donde estaban los santuarios que más recomendaciones tenían. Sin embargo, y a pesar de que nuestra experiencia con estos enormes mamíferos fue una de las cosas que más atesoramos de este viaje, la ciudad en si misma nos maravilló desde el primer día. Chang Mai es encantadora y a diferencia de Bangkok se puede disfrutar de un lugar con una atmosfera, aunque turística, más íntima, más pintoresca, con sus hotelitos boutique, con su casco histórico amurallado, sus templos coloridos, y la mejor Tom Yum Goong o sopa de langostinos que probé.

Con los elefantes asiáticos en Chang Mai

Chiang Rai, casi se queda fuera de nuestros planes, estábamos pensado que era recorrer 200 km más al norte solo para ver más templos, que para ser sincera a estas alturas ya estábamos algo sobrepasados de ellos. Ya solo pensábamos en irnos al sur y disfrutar de nuestros días de playa. Sin embargo, a último momento dijimos “ya qué estamos aquí, nos queda un día libre, vayamos a ver a los famosos templo blanco, templo negro y templo azul”. La experiencia fue positiva.

El Templo Blanco es completamente diferente a cualquier otro templo que vimos en Bangkok o Chiang Mai, De un diseño totalmente disruptivo, futurista y con dibujos de personajes que jamás imaginas encontrarte en un templo budista. Es un recinto imponente, totalmente blanco, con una pasarela que te hace sentir que estás transcurriendo por el patíbulo o estás metido en la Divina Comedia de Dante Alighieri. El interior, más pequeño, está colmado de mucho color. Interesante es buscar entre las imágenes de los grandes murales las figuras de Darth Vader, el panda Po, el hombre araña o Bin Laden. También pudimos conocer la Casa Negra, con sus 40 cabañas pintadas de color negro y animales disecados y el Templo azul, uno de los templos más lindos que vi en Tailandia.  

Templo Blanco o Wat Rong Khun en Chang Rai

Una de las cosas que me hacían más ilusión era conocer las playas de Tailandia, cada vez que veía una lista de las mejores playas del mundo allí tenía que estar al menos una de ellas. Cuando llegó el momento de planificar el viaje, uno de los principales dolores de cabeza fue escoger (entre la enorme cantidad de playas e isla) aquellas que valieran más la pena, tarea muy difícil porque primero que es un tema muy subjetivo y segundo que la belleza de sus mares nubla la mente a cualquiera y cada foto, cada historia en blog leídos, hacía que cambiáramos de opinión una y otra vez. Finalmente, nosotros nos decidimos por probar un poquito de cada mar.

En el Golfo de Tailandia escogimos la isla Kho Tao y Nangyuan. Nuestra decisión se basó principalmente en la posibilidad que Kho Tao nos daba para experimentar otro de nuestros sueños viajeros, el buceo.  No por gusto esta isla es reconocida por ser el mejor lugar para aprender a bucear y ¡el más barato! (Aclaración: barato en comparación a otros lugares, el buceo es un deporte costoso por naturaleza debido a todo lo que ello implica). Allí puedes bautizarte, certificarte y deleitarte con la increíble vida marina que hay en sus aguas. Una experiencia que hasta al más temeroso y respetuoso del mar, como yo, lo deja con la boca abierta y el corazón contento. Bucear fue la cereza de mi pastel tailandés.

Isla Nangyuan en el Golfo de Tailandia. Tres islas unidas por bancos de marena

En el mar de Andaman optamos por conocer la playa Railay en Krabi y por supuesto las famosa islas Phi Phi y para terminar el viaje Phuket y la isla de James Bond en el Parque Nacional Ao Phang Nga. No crean que la elección de esta parte del sur Tailandés fue sencilla. Habíamos leído tanto acerca de lo bueno, lo malo, lo bonito y lo feo de las islas Phi Phi que en un momento dudamos en si valdría la pena o no ir hasta allá; o, si simplemente ir a un paseo de full day para quitarnos las ganas. Al final de todo, decidimos arriesgarnos y quedarnos 3 días en Phi Phi y si me preguntan si ¿valió la pena? Pues, 1000 veces lo repetiría.

Un capítulo aparte es hablar de la comida Thai. Por dios, se me hace agua la boca solo de recordar los deliciosos platillos que durante 3 semanas tuvimos el placer de degustar. Y es que la comida taillandesa es de una sutileza, un derroche de frescura, de sabores y colores que creería yo a nadie pudiera no gustarle. Más allá de tener muy en cuenta que si no eres amante del picante es mejor decir “no spicy please” e incluso yo, que soy hija de norteño peruano que come rocoto, terminé llorando en varias ocasiones. La comida Thai es apta para todo tipo de paladar, los carnívoros, los vegetarianos, los que aman las especias y los que no.

Mirador de Phi Phi Island, tres días en este paraíso nos quedaron cortos.

¡Su fruta es un manjar de los dioses! (salvo el Durian, que es la cosa más apestosa que probé en mi vida, ni en helado se salva). Su helado, ay no, no, no, ¡su helado!, su helado de coco, voy por el helado ahorita!!!….

Bueno, ya volví, les decía que probé un helado de coco en Chang Rai con sticky rice (arroz pegajoso), que tuve que inmortalizar en una foto, no solo por lo rico que estaba, sino por lo bello de su presentación.

Helado de Coco con Sticky Rice

Así, 23 días pasamos recorriendo el “País de las sonrisas” y una escapadita cortita a Camboya, capítulo aparte en este blog. Regresábamos a Turquía, donde estábamos viviendo, el 14 de marzo del 2020. Al llegar a counter de Turkish Airlines del aeropuerto de Bangkok nos encontramos con una sorpresa. En un cartelito apenas pegado horas antes decía: “Ciudadanos de Austria, Dinamarca, Francia, Alemania, Holanda, Noruega, España y Suecia no están autorizados a ingresar a Turquía”. El virus ya había entrado a esos países con fuerza, y Turquía con 0 casos al momento, se estaba blindando. Con el corazón casi parado porque Lucien es francés, proseguimos la lectura: “Esto no aplica para nacionales y residentes de Turquía”. Recobramos la respiración, porque por suerte ambos teníamos nuestro carnet de residencia turca, nos chequeamos y dejamos Tailandia agradecidos y felices de lo vivido.

Llegamos a casa exhaustos pero felices de poder apapachar a nuestra gatita Lily, no imaginábamos que tras cerrar la puerta de nuestro departamento, apenas la abriríamos de nuevo y no saldríamos de él por los siguientes 3 meses. «La nueva normalidad» había llegado, el mundo del home office, del super por delivery, del balde con desinfectante en la puerta, la colonia en las manos, la mascarilla y el distanciamiento social había empezado para todos.

Saludando a nuestra hija gatuna después de 3 semanas fuera de casa, luego ella nos pediría un espacio libre porque no salimos más de casa.

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