BUENOS AIRES: un año viviendo en la ciudad de la furia

La primera vez que pisé suelo bonaerense tenía apenas 25 años, estaba iniciando mis viajes internacionales y con dos grandes amigas decidimos conocer la tan famosa “Ciudad de la Furia”. Recuerdo haber llegado y sentir, por primera vez, una conexión especial con esta ciudad. Estaba maravillada con su arquitectura, con sus grandes avenidas, con la cultura que se respiraba en parques, calles y pasajes de toda la gran ciudad.  En ese momento aún no había pisado el viejo continente, pero imaginaba que algo así debía de ser.

Aquella vez, la experiencia duro solo 5 días y nos habíamos quedado en un hotel cerca al obelisco. Habíamos, también, aprovechado de tomar un buque bus para pasar el día en Colonia de Sacramento en Uruguay, un lugar encantador, por cierto.

Siempre que recuerdo ese viaje, pienso en una de las cosas más graciosas que me pasaron en ese viaje: Buscando fiesta, un día de semana, entramos a un Night Club pensando que era una discoteca y de lo más fresh preguntamos si habían chicos. La cara de los dos hombres de seguridad fue de: ¡»Boluda, que querés vos aquí»!» mientras el taxista que nos había llevado gritaba, «Señoritas, esto es un night club para caballeros». Salimos literalmente corriendo a refugiarnos con el taxista. ¿Hay chicos?, hasta hoy me pregunto si en serio preguntamos eso en un night club. Más allá del susto y luego el ataque de risa que nos dio, pensamos que son esas experiencias las que nos dan historias que contar.

La segunda vez que visité Buenos Aires fue en 2010, ya con 30 añitos, mi mejor amiga y yo, teníamos un evento importante en la ciudad y que mejor escusa que esa para volver. Pasamos al rededor de 10 día increíble en Buenos Aires, salíamos temprano y regresábamos de noche exhaustas de tanto recorrer, nunca había caminado tanto en lo que llevaba de vida, tengo que recalcar que, en Lima, de donde soy, caminar no es muy común, somos tan flojos que nos quejamos cuando nos dicen que tenemos que caminar 5 min para tomar un bus.

En esa ocasión, nos quedamos en un hostel en Palermo, y paseando por los barrios de Buenos Aires fue la primera vez que sentí las genuinas ganas de vivir en una ciudad que no fuera la mía. «Qué lindo sería vivir aquí por un tiempo» habíamos comentado en varias oportunidades con mi amiga. Buenos Aires me parecía una linda ciudad, con mucho verde, con mucho arte en las calles, con restaurante, cafés y terraza por todas partes. Disfruté demasiado ese viaje, a pesar de que era pleno invierno y, por primera vez también, experimentaba lo que era un crudo invierno, pero también lo que era ver el sol a pesar del frío, y la calefacción, !Qué maravilla la calefacción!. 

Los años pasaron y los viajes se volvieron cada vez más comunes. Cuando no estaba viajando, estaba planeando uno. Conocí a Lu, con el mismo amor por las experiencias nuevas que yo, y al poco tiempo ya habíamos puesto en nuestra lista viajera a la Argentina. Él nunca había estado aquí y tenía muchísimas ganas de conocer (ya tenía incluso la guía de Lonely Planet), y yo, más allá de Buenos Aires, no conocía nada más de este increíble país. Teníamos planeado pasar unos días en la capital y luego enrumbarnos en una súper experiencia viajera por la Patagonia. En nuestro mapa viajero le habíamos puesto la banderita de “lugares por visitar” con la fecha 2020.

Luego se presentó la primera oportunidad de migración para mí, Estambul, sin planearlo, se convirtió en mi primer hogar fuera de Lima (pueden leer de esa experiencia brutal aquí), y luego un día llegó la gran pregunta: «¿Amor que te parece Buenos Aires para nuestro próximo destino?», me quede fría, ¿es en serio?, creo que brinque del mueble, ¡obvio que sí!. Lu tenía claro que quería visitar esa ciudad, ¿pero vivir allí, sería Buenos Aires un lugar para nosotros?, Yo le dije que, si se quería sentir en Europa en algún lugar de Latinoamérica, ese lugar era Buenos Aires. Estaba 100% segura que la ciudad le gustaría así que le di el empujoncito que necesitaba para terminar de decidirse por aceptar esa oportunidad.

Hoy sabemos que tomamos la decisión correcta, hemos disfrutado y amado cada minuto en esta ciudad, a pesar de haber vivido una Buenos Aires en pandemia, que no es o lo mismo, igual sentimos que esta ciudad tiene muchísimo por ofrecer, sobre todo, de esas cosas de las que nosotros disfrutamos tanto, y bueno que te puedo decir del vino, nuestro consumo nunca será mayor que aquí, lo sabemos. Nos vamos tristes de dejar esta ciudad, este país, y todo su contraste.

Ahora te voy a contar cuales son las 10 cosas que más me han gustado de vivir en Buenos Aires. Ojo al piojo, esta lista esta escrita desde mi experiencia personal viviendo apenas un año en esta ciudad, siendo peruana y extranjera sin ingresos locales. así que hay que tomar esta lista teniendo en cuenta estas variable.

Lo verde que es. ok no es la ciudad más verde del mundo, pero en Buenos Aires hay muchos árboles. En las calles se encuentran hileras interminables de enormes árboles que dan sombra en verano, color a la primavera y el otoño y verdor al invierno. Sobre todo, en barrios como Recoleta, Palermo y Belgrano (barrios en los que más me he movido). Sus parques son también muy agradables, los Bosques de Palermo son una verdadera maravilla. Los jacarandas en la primavera son un espectáculo.

Su oferta cultural y el color en la ciudad. Museos, teatros, cines, lugares de tango, artistas callejeros en calles y parques. Las librerias aquí son hermosas!!, desde la increible librería EL Ateneo, hasta la pequeña librería de barrio, hay librerías que además son bares, no, no, ya entiendo porque los argentinos siempre estan leyendo. Aunque nosotros no lo hemos disfrutado, la oferta de conciertos aquí es increíble también.

Se nota que este país tiene mucha cultura del arte, quienes siguen mis fotos en Instagram saben que soy una amante empedernida de fotografiar lugares coloridos y el arte urbano, y mi celular ha quedado sin memoria rápidamente con la cantidad de imágenes de los murales y grafitis que tiene esta gran ciudad. Buenos Aires es un lienzo en blanco para la inmensa cantidad de artistas urbanos que dejan todo su talento en las paredes bonaerenses. Casas, edificios, puertas, bares, por donde mires hay arte de todas las formas y tamaños. Tengo marcado en mi mapa de Google todos los puntos en los que hay un mural que ir a visitar y en un año no he logrado fotografiar todos, sin contar que cada día se crea uno nuevo.

El plan perfecto es ir a pasear por Caminito, en el barrio de la Boca, y disfrutar de color y los espectáculos de tango en la calle; ir a San Telmo y recorrer el paseo de las historietas; recorrer Barracas y cruzar el pasaje Lanin y sus puntos de interés; o hacer un tour en Palermo buscando todos sus murales.

Las ferias en Buenos Aires también son increíbles, puedes encontrar una enorme variedad de ferias de todo tipo, es más, la ciudad de Buenos Aires tiene una página en la que te informa sobre las ferias que hay cada día de la semana. ¡increíble!

Los restaurante y cafés con terrazas. la cultura de salir a comer o beber algo es algo que admiro y me gusta de los argentinos, incluso en pandemia, hemos tenido la oportunidad de degustar la comida aquí, nuestro espíritu foody se ha sentido más feliz que nunca, eso sí, una cosa importante es que siempre es necesario reservar porque los lugares para comer suelen estar llenos.

Cuando de comida y bebida se trata, una cosa que disfruto junto a Lu es ir a un café, un bar o un restaurante y sentarnos a disfrutar de la gastronomía al aire libre. En Buenos Aires no faltan las terrazas. Incluso hay lugres en los que los fines de semana cierran calles, toman las pistas y armar mesas para quienes quieran disfrutar de una buena comida con música en vivo que algún aspirante a cantante utiliza para demostrar su talento. Esa cultura del disfrute de los espacios abiertos es algo que amo en esta ciudad.

La diversidad de gastronomía que se encuentra y el vino. De la mano del punto anterior, el disfrute de poder experimentar nuevos sabores que brinda la ciudad es de sacarse el sombrero, yo no soy una gran fan de la carne, no soy vegetariana, me gusta la carne, pero no puedo comerla todo el tiempo, me aburro. Es por eso que valoré poder encontrar todo tipo de comida. Pasando por la local, destacando sus pastas y sus pizzas, como también, restaurantes de comida de diferentes partes del mundo: asiática, italiana, francesa y lo mejor es que pude encontrar mucha variedad de restaurantes peruanos con comida que me transportan a mi país y me hace más fácil estar lejos.

No tengo mucho que decir del vino argentino, sobre esto porque sé que todo el mundo sabe de su calidad. Solo quiero destacar que su variedad es impensable y el precios es realmente buenos. Nunca vi cartas de vino tan extensas como en un restaurante Argentino y nunca disfrute tanto del vino como aquí. Eso está en mi lista de lo que más voy a extrañar.

El Microcentro, Recoleta y su aire europeo. La primera vez que caminé por las calles de Retiro o Monserrat (barrios que se podrían denominar como el corazón administrativo y gubernamental de la gran Buenos Aires) o por Recoleta, no tenía mucha perspectiva de ¿por qué? esta ciudad era tan comparada con las principales ciudades del viejo continente y era conocida como “La París de Latinoamérica”. Pero ahora, ya habiendo estado allá, es inevitable sentir a veces que estás caminando por alguna calle parisina. Dicen que se parece más a España, pero no conozco aún así que mientras tanto para mi es más parecido a París. Es evidente que esta ciudad se levantó bajo parámetros e inspiración en la arquitectura europea, hay infinidad de palacios, edificaciones con techos, ventanas y balcones de estilo parisino, y los cafés de esquina con sus terrazas y sus sillas a cuadros. ¡Una verdadera maravilla!

Su organización en el transporte y lo fácil que se camina. Uno se puede desplazar por toda la ciudad sin necesidad de tener un auto. El transporte esta muy bien organizado, puedes usar el bus, el subte, el tren, y lo que más recomiendo para conocer la ciudad, caminar, para mí la mejor manera de disfrutar todo lo que esta ciudad tiene para ofrecerte.

Los costos. Si eres extranjero visitando o viviendo en esta gran ciudad, con ingresos fuera del país, Buenos Aires te va a parecer súper económico. Lamentablemente, el nivel de inflación y los problemas económicos por el que pasa Argentina desde los 2000, hace que el peso se vaya devaluado de manera preocupante para los locales, pero que beneficia al turista que llega con dólares o euros. Lo único que te voy a pedir de manera muy encarecida es que no se te ocurra utilizar tu tarjeta de crédito o débito extranjero aquí, porque todo te va a costar el doble. Traer dólares es la mejor opción y cambiarlo al tipo de cambio «Blue» que suele ser el doble del oficial, es lo que tienes que hacer. No entraré a explicar esta diferencia porque ni yo misma la entiendo muy bien, tu solo hazme caso.

Ah, y te voy a dar un super TIP, si al llegar a Buenos Aires vez algún producto en el duty free que quieres comprar no lo hagas en ese momento. Espera a tu salida, guarda un poco de pesos y págalo con eso. En el Aeropuerto, aunque los productos están en dólares, te cobrarán en pesos y te van a hacer el cambio oficial. Entonces, si vez un producto que en la etiqueta te dice que cuesta 10 dólares, en pesos tú pagaras solo 5, ¿por qué? porque tú comprarás esos pesos en la ciudad al cambio Blue, por 10 dólares te darán 2100 pesos (tipo de cambio de feb 2022), pero al pagar ese producto en el Duty free en pesos al cambio oficial, en la caja te cobrarán al rededor de 1050 pesos. Nuevamente, ¡no uses tu tarjeta de crédito!

La calidad en la Salud. Sin entrar en comparaciones odiosas, quiero decir que el sistema de salud argentino es uno de los mejores de Latinoamérica y viviendo aquí lo he sentido así. Que el sistema necesita y debe mejorar mucho, sin dudas, pero las leyes argentinas permiten que el sistema de salud publica sea para todos (locales y extranjeros) y desde mi perpectiva creo funciona adecuadamente. Diría que uno paga sus impuestos y siente que valen de algo la pena. Entiendo que hay diferencias entre quienes tienen una obra social (seguridad social) y los que tienen una prepaga (privado), sin embargo, desde mi opinión, ambas funcionan muy bien, y según leí, el grado de satisfacción de sus usuarios, en ambos casos, supera el 60%.

Además, el sistema de salud de argentina permite que sus ciudadanos y residentes tengan acceso a tratamientos no solo de necesidades básicas, sino también que puedan acceder a atención gratuita y cubierta al 100% de tratamientos más complejos y que otros países de la región ni están cerca de aprobar aún. Para darles un ejemplo extremo, hay prepagas, las más costosa obviamente, que te cubren una cirugía plástica gratuita por año o cada 2 o 3 años. No lo considero necesario, ni esencial, pero el dato es para darles una idea de hasta donde llegan.

En mi caso (no, no tenía la que permite la cirugia estética), puedo decir que en un año no he pagado ni un sol adicional (salvo medicamentos) en atenciones médicas, análisis y estudios de laboratorio, hospitalizaciones o tratamientos y se agradece por ello.

los amigos que hice. En medio de una pandemia mundial la verdad es que ha sido muy difícil general lazos de amistad para todo el mundo y lo ha sido también para mí. Sin embargo, esta país y esta ciudad me han dado la oportunidad de conocer, poca, pero gente realmente maravillosa. Buenos Aires es una ciudad cosmopolita, y yo, dejó hoy amigos a los que si bien ya no tendré la oportunidad de ver seguido para un trago, un café o una rica cena, estoy segura que podré volver a abrazar en algún lugar del globo. La hospitalidad con la que me he encontrado es un aspecto valioso que resaltar.

Finalmente, quiero mencionar un punto que puede ser un poco polémico, y es la sensación de seguridad con la que he vivido este año y dos meses en Buenos Aires. Sé que para muchos argentinos y bonaerenses la ciudad porteña es peligrosa y no lo dudo. Pero algo he reafirmado viviendo en esta ciudad y es que la seguridad también es una sensación o una percepción, tiene que ver en como uno se siente y cobra mayor relevancia en comparación de algo más.

Así que sí, yo me he sentido segura en Buenos Aires: segura de caminar a cualquier hora, incluso a la media noche; segura de subir a un taxi en la calle, sin sentir que estaba haciendo un deporte de aventura, y sin la necesidad de usar aplicaciones, porque los taxis son formales; sin tener que cruzarme la vereda cuando un hombre pasaba a mi lado en una calle solitaria, porque los hombres, en su mayoría, no tienen una cultura de tocar a las mujeres sin su consentimiento. Evidentemente, todo lugar tiene su grado de inseguridad y es necesario estar siempre alerta, pero este es mi análisis después de un año viviendo aquí. Quizá si le preguntamos a un/a europeo/a su opinión sea completamente distinta ya que viene de un lugar mucho más seguro.

Y bueno, otra cosa que hay que aclarar, es que soy consciente que he vivido en una burbuja, moviéndome en zonas con seguridad, en donde hay un policía de la ciudad en cada esquina, no estoy comparando mi experiencia con la de personas que se mueven día a día en diversas zonas de esta gran ciudad y mucho menos con aquellos que viven en los lugares más peligrosos. Como dije “me he sentido segura”, porque así ha sido mi experiencia aquí.

Escribiendo este artículo no sabía si colocaría las cosas que no me han gustado, claro que las hay, pero la verdad, me costaba llegar pensar almenos 5. Pero para ser justa si voy a enumerar algunas cosa que no me han gustado, o me han gustado menos, viviendo en esta gran ciudad y son:

Todo lo que tiene que ver con lo económico, el hecho de necesitar siempre tener que conseguir pesos y lo complejo que es el funcionamiento económico. No poder usar mi tarjeta de crédito aquí ha sido un parto ya que para mí es el mejor medio con el que, al no tener ingresos dentro del país, me he organizado en el exterior. Otro punto es el problema de nunca saber cuánto cuestan las cosas porque todo sube de un momento a otro junto con la devaluación de la moneda (entiendo perfecto lo difícil que puede ser para un argentino esto y lo costosa que es la vida para ellos). Y finalmente, pero no menos importante, es la problemática social que genera impotencia, aunque no soy de aquí es inevitable no sentir como si lo fuera, ver un país tan increible y sentir que la justicia social cada vez es peor, ver y (por la naturaleza de mi trabajo) escuchar a muchos argentinos jovenes que quieren irse de este país es triste, y no poder hacer mucho es algo que me ha costado todo este tiempo.

Como indiqué más arriba el balance de todo este tiempo viviendo aquí ha sido positivo. Un dato interesante de esta ciudad es que en 2021 Buenos Aires se ubicó en el puesto número 1 de mejores ciudades para vivir de Latinoamérica para los nómadas digitales, y en el puesto 33 a nivel mundial, por encima de París, Boston, Roma, Ámsterdam o Shanghái.

Otro dato, es que Buenos Aires, junto a Montevideo, son las mejores ciudades de América Latina para vivir, según la nueva edición del índice de ciudades con mejor calidad de vida que elabora anualmente la prestigiosa revista inglesa The Economist. No me es extraño estos datos porque sinceramente para mí es una muy buena mezcla entre calidad y costo de vida para quienes tienen la suerte de vivir en cualquier lugar del mundo mientras trabajan de manera remota. Si yo, en mi situación actual, pudiera quedarme aquí lo haría encantada, pero la vida nos lleva por otros caminos. Igual como dice el dicho: Uno siempre vuelve a los lugares donde fue feliz, así que Buenos Aires de mis amores, me voy pero ¡te veo pronto!. y como dijo el gran Cerati, ¡gracias totales!

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