Capadocia: como trogloditas en una región de millones de años.

Hoy los quiero invitar a visitar un lugar mágico y encantador. Con bellos amaneceres, increíbles valles y lugares que no verán en ningún otra parte del mundo. Este lugar tiene al menos 60 millones de años. Conocer Capadocia, ya lo saben, fue un sueño cumplido. Este encuentro con uno de los destinos viajeros más deseados en mi lista de “Cosas que hacer antes de morir” también me confirmó que a veces los sueños se cumplen por cosas del azar.

Evidentemente mi primer plan viajero, ni bien pusimos los pies de Turquía, fue ir a conocer aquel lugar mágico donde volaban al unísono cientos de globos aerostáticos sobre un enorme valle de rocas graciosamente talladas en formas de champiñones, las famosas “chimeneas de hadas”. Para ser honesta, cuando lo puse en la lista de sueños, no sabía mucho de aquel destino, a duras penas que estaba en Turquía. Sí, me dejé llevar por las bellas imágenes en Instagram y hasta allí había hecho la tarea. No tenía realmente la mínima idea del porqué de estas formaciones y de la exquisita historia que escondía este mágico lugar.

En setiembre 2019, pre pandemia, y como siempre es mi rutina cuando ya llega el momento de planificar un viaje, me llené de toda la información necesaria. Traté de leer las 3 guías de Turquía que Lucien había comprado en francés (como si él fuera quien organiza los viajes) y busqué todas las listas en internet de lo que no hay que perderse en el destino y comencé a imaginarme los 4 días que pasaría allí.

No es por nada pero me he vuelto casi una experta en Excel: armando itinerarios, presupuestos; y buscando en google maps distancias, tiempos y las mejores rutas. Si el viaje implica desplazarse mucho tratamos de alquilar un auto y descubrimos que en Turquía es muy económico hacerlo. La gasolina no es cara y la infraestructura es increíblemente buenas. Además, esta vez estábamos planeándolo el viaje de a tres (una amiga llegaba desde Lima a visitarnos).

Capadocia es una región única en el mundo, un lugar que goza de una belleza natural de la que el hombre ha hecho uso, primero para vivir en ella y refugiarse; y luego, para mostrarla al mundo y atraer a miles de turistas al año. Está ubicada en la Anatolia Central de Turquía, su ciudad más conocida y el epicentro del turismo es Göreme, un pequeño pueblo que al día de hoy está dedicado, casi en exclusividad, al turismo. Nosotros llegamos al aeropuerto de Nevsehir, recogimos el auto y luego de 12 km de carretera llegamos casi al anochecer a nuestro hotel. Alojarse en uno de los hoteles cueva del poblado es parte de la experiencia y así lo hicimos.

Volar en globo, por supuesto, era para mí la actividad principal de este viaje. Como sabíamos que a veces el clima puede jugar una mala pasada, reservamos el vuelo para la primera madrugada. Todos los días las agencias que brindan este servicio esperan el aviso del gobierno para saber si será posible volar o no, todo va a depender del viento. Si el ente responsable no da el OK, nadie puede volar.

Pasaron por nosotros a las 4:30 de la mañana, el frio a esa hora de la madrugada era intenso, pero la emoción podía más. Nos llevaron a la agencia y como siempre nos sirvieron un contundente desayuno. Mientras comíamos, esperamos el OK del gobierno para ir a la zona de partida.  Esperamos, esperamos, y esperamos, dieron casi las 7 am, ya el sol iba saliendo, el frio iba cesando, los rulos de una muchacha que se había producido perfectamente para las mejores fotos en globo se habían deshecho (llevaba además un hermoso vestido largo al mismo estilo otomano). De pronto llegó el temido. “No hay vuelos hoy, pasen a la colita para recibir su reembolso o reprogramar su vuelo”.  What?!

Para nuestra mala suerte, además, la agencia no tenía disponibilidad de espacios en los días en los que estaríamos en la ciudad. Nos fuimos tristes, y luego, con la promesa del recepcionista del hotel de buscarnos espacio en alguna otra agencia, aprovechamos para volver a desayunar (¿por qué no?) y cogimos el auto para recorrer el pueblo de Göreme y un poco de los lugares representativos de la zona.

Fue aquí, cuando pensaba que quizá mi experiencia en Capadocia podrías ser un fracaso por no volar en globo, que descubrí lo equivocada que estaba sobre lo que era esta región. Nuestra primera parada, a pocos metros del pueblo, fue en el Museo al aire libre de Göreme, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, este lugar me trasladó millones de años en el tiempo, es un complejo de monasterios cristianos de los siglos III y IV, uno al lado del otro. Cada uno con su propia iglesia, pero además, excavadas en las rocas, con murales o frescos que a pasar del paso del tiempo y el vandalismo de los invasores, se encuentran aún muy bien conservados.

Pasar de un monasterio a otro, entrar en las cuevas con iglesias primitivas de techos abovedados, mirando las pinturas y representaciones gráficas en colores ocre y rojizo, en pequeños espacios donde muchas personas profesaron su fe, fue impresionante. Aún no lo sabía, pero este tipo de sensaciones es a lo que me tendría acostumbrada Turquía a partir de ese momento.

Una vez que recorrimos por completo el parque (del cual no tengo fotos del interior de las iglesias ya que está prohibido fotografías con el fin de preservan los frescos) nos fuimos un poco hacia el sureste de la región. Nuestra segunda parada, el Castillo de Ortahisar, desde cuya cima se tiene una vista privilegiada y panorámica de la ciudad del mismo nombre y más allá los valle y el majestuoso volcán Erciyes.

Ortahisar significa fortaleza del medio, y es porque justamente está situada en el medio de las principales ciudades de la región, no es de las más turísticas, pero bien vale la pena conocerla si hay un poco de tiempo, visitar no solo el castillo, sino también caminar por sus callecitas con pintorescas casas en piedra.

Luego, nos dirigimos hacia el pueblo de Uçhisar para visitar también su castillo, este sí muy conocido, famoso y bien fotografiado. Se encuentra en el punto más alto de la ciudad, una enorme formación rocosa que los habitantes convirtieron en un castillo, entre los siglos XV y XVI, su principal función era defenderlos de los invasores y enemigo. Aquí sí que uno se siente literalmente un troglodita, desde afuera podrás ver una gran roca con múltiples ventanitas y en su interior encontrarás túneles, pasajes, y habitaciones. Desde su cima, nuevamente un paisaje de ensueño, quizá las mejores fotos de Capadocia se han hecho desde este lugar (y desde un globo evidentemente).

Si se preguntan el porqué del afán de los habitantes de esta región de vivir en cuevas, les cuento que en Capadocia han dejado sus huellas hititas, asirios, persas, griegos, romanos, bizantinos y turcos. La necesidad de sus primeros habitantes de construir sus viviendas y encontrar protección frente a las evidentes invasiones de la época, los orilló a buscar los mejores refugios.

Para su suerte, el entorno natural de la región les proporcionaba una oportunidad única, la erupción de los volcánica en la cadena montañosa de Taurus y miles de años de erosión de los vientos, las lluvias y los ríos, crearon singulares formaciones geológicas y esculpieron los valles de Capadocia. El material de estas montañas rocosas era un material fácil de tallar y excavar por lo que para las primeras civilizaciones fue muy fácil construir sus viviendas y refugios al interior de estas formaciones, ellos construyeron incluso ciudades subterráneas completas para su protección, algunas de las cuales se pueden visitar hoy en día.

Luego de este primer día, regresamos exhaustos de tanto caminar y con la cabeza llenecita de información. En ese momento, la verdad, yo ya sentía que el viaje hasta este lugar había valido 100% la pena, pero el recepcionista del hotel nos esperaba con una muy buena noticia: nos había conseguido tres espacios para volar en globo el último día de nuestra estadía. ¡La felicidad no podía ser mayor!

Al día siguiente, decidimos despertar muy temprano y ver si los globos levantaban vuelo y como así fue, manejamos a toda máquina hasta el view point para maravillarnos, desde la tierra, del espectáculo multicolor de un amanecer estrellado de globos aerostáticos.

Al finalizar el espectáculo que es alrededor de las 8 am, nos fuimos a conocer la ciudad subterránea de Kaimakli, una de las 36 ciudades subterráneas abandonadas de la región, se cree que esta ciudad troglodita fue construida por los hititas para su protección entre el siglo lV y X d.C y en ellas se refugiaron los primeros cristianos de los ataques de los árabes y posteriormente ha sido habitada por diversas culturas. Sus habitantes podían permanecer allí ocultos hasta un año seguido, tenían habitaciones, comedores, bodegas, cavas, lugares de crianza de animales, iglesias y hasta cementerios. Kaimakli tiene 8 niveles subterráneos, pero solo 4 se pueden visitar.

También aprovechamos el auto para alejarnos un poquito más e ir a la ciudad de Soganli en Kayseri. En el Valle de Soganli se pueden encontrar muchas iglesias excavadas en las rocas, nosotros encontramos una a la que fue un poco difícil trepar, pero que agradecimos hacerlo ya que pudimos apreciar y fotografiar sus frescos. Finalizamos este segundo día en la bodega de vinos Turasan en Ürgüp, Turquía no es un país de excelentes vinos, pero se produce mucho vino en casi todo el país y para amantes del vino como nosotros, pues había que ir a degustar.

¡Y el gran día llegó!, y el viento sopló a nuestro favor, y pudimos por fin flotar en globo aerostático, una de las experiencias más increíbles de mi vida. El vuelo en globo de por si es impactante, de hecho los nervios iniciales de hacer algo que nunca hiciste aceleran el corazón. Nos llevaron a la zona de partida, vimos como el globo se iba inflando con el aire caliente, nos subimos a la canastilla que tenía 6 compartimientos (22 personas luchando por el mejor lugar, tiempos sin pandemia que no volverán) y luego, despacito, despacito, el globo fue subiendo, cada vez más alto y uno no siente que se mueve realmente. Una vez que ya te sientes cómodo y tranquilo de que no te vas a caer, miras a tu alrededor y empieza la magia.

No sé cómo describir todo lo que mis ojos vieron. No se los voy a negar, tuve ganas de llorar, fue una mezcla de emociones. Cuando inicia el ascenso es la oscuridad total, el cielo solo está iluminado por el fuego que se desprende de los quemadores de los globos, poco a poco el sol va emergiendo detrás del volcán Erciyes y tu alrededor se pinta de los colores naranjas y rojizos característicos de un bello amanecer, pero además cientos de globos multicolores te acompañan, flotan frente a ti, detrás de ti, arriba y abajo.

Los valles de Capadocia a tus pies, con sus formaciones rocosas esculpidas por el viento en formas caprichosas, toman un color naranja más intenso con el reflejo de la luz del sol, y luego, puedes ver las calles, casas y hoteles de Goreme, desde cuyas terrazas seguramente miles de personas contemplan nuestro vuelo. Yo me sentía una de esas palomas que abundan en la región y que viven en las chimeneas de hadas. Vaya que es un espectáculo digno de las millones de imágenes que vi antes de llegar aquí.

La verdad, hasta el día de hoy estoy impresionada con ambas experiencias: ver esta escena desde el suelo y desde el globo son dos momentos únicos, pero en todo caso, ambas cosas valen millones de veces la pena. Es cierto que Capadocia no es solo montarse en un globo aerostático, pero ese vuelo, es lo que es, por dónde se realiza, hay muchísimos lugares en el mundo para realizar esta actividad, pero hacerlo aquí, para mí, es la mejor idea del mundo.

A las 9 am (después de brindis con espumantes que las agencias de turismo organizan al finalizar el vuelo) ya estábamos de retorno en el hotel, tomamos el desayuno en la terraza mirando algunos de los globos que aún seguían en el cielo y para cerrar nuestro último día en Capadocia visitando sus valles: el Valle de los Monges (Pasabag Vadisi), el Valle del Amor (Zemi Vadisi), el Valle Rosa y Rojo, el Valle de las Palomas (Güvercinlik Vadisi) y el Valle de la Imaginación (Devrent Vadisi).

Meternos en el corazón de Capadocia y caminar entre las formaciones rocosas fue la cereza del pastel para irnos de regreso a Estambul completamente satisfechos de este viaje. Llegué allí inspirada por una foto y porque el destino así lo quiso, y salí de allí impresionada de su historia, su cultura, de las civilizaciones que vivieron en ella, de la gente que hoy la habita y de cómo se puede aprovechar lo que la naturaleza nos brinda y hacer algo increíble con ello. Ahora, “volver a Capadocia” se he metido en la lista de “Cosas que hacer antes de morir”.

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